Retales

Él tenía una maleta de fracasos, una vida de harapos y un ángel caido en la mirada.

Ella llevaba un vestido de sonrisas, un bolso de sueños y diablos en sus ojos.

El ángel cayo hiptonizado por el fuego de aquellos diablos, él sacó los fracasos para hacer sitio a su bolso, y ella remendó aquellos harapos con retales de su vestido.

 

 

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¡Geronimo!

-Pues ¿A quién quieres, extraordinario extranjero?

-Quiero a las nubes…, a las nubes que pasan…Por allá… ¡A las nubes maravillosas!

Pequeños poemas en prosa” (1862),

Charles Baudelaire

 

 

Geronimo (center) with Apaches . 1886. Photo by C.S. Fly.

Lilith lo sabe.

               Yo no aguanto nada en el estomago de la cabeza. Vomito en cuanto siento asco o desprecio. Es algo incontrolable. Siento la arcada y tengo que salir corriendo para manchar lo menos posible.

               Lilith lo sabe. Y siempre esta preparada para lo peor, siempre dispuesta para minimizar el rastro que voy dejando.

               Cuando bebo es mucho peor. Se con toda seguridad que ese asco saldrá de mi, la mayoría de las veces sin ni siquiera avisar, mostrando todo su desprecio…con una fuerza inusitada y un radio de acción que puede alcanzar incluso a seres inocentes.

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               Lilith lo sabe. Y siempre me aconseja que procure beber menos; que algún día, dice, no podrá limpiar todo lo que escupo. Porque sabe también como yo, que cuando una verdad se clava no hay mentira que la saque…y yo intento sobrellevar el clavo de la resaca.

               Yo la escucho cuando me dice que deje de beber. Sus palabras son certeras y, aunque se que su intención no es la de hacer daño, laceran.

               Pero es mucho peor cuando Lilith calla. Puedo ver sus ojos de preocupación e incluso, oler su miedo.

               Y es entonces cuando siento el vértigo. Cuando me asomo y solo veo vacío.

       Y Lilith lo sabe.

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Espera un poco…

¿¿¿

Que te hace pensar

que si vas al callejón obscuro

donde yo jugué,

donde las madres gritaban por la ventana,

donde me di y me dieron la primera hostia,

donde robe el primer beso y me escondí,

donde empecé a fumar…de todo,

donde aprendí a saltar en los charcos y ahora no hay ni árbol, ni seto;

donde te lleva la curiosidad mientras me amarra el hastío…

en vez de la avenida plena de luz, gente, espejismos y seguridad…

no me voy a acercar a olerte

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